Arrancar una página.

Reseña del documental “El silencio de otros”, disponible en Netflix.

¿Por qué una nación arranca páginas de su pasado? porque conservar el libro completo de su historia es admitir que todo tipo de acto, cualquiera, fue necesario para salvaguardar el bien del país.

Quien escarbe en el pasado de su patria profanará una herencia impoluta; marcará de llagas un cuerpo virgen.

¿Cómo germinas un patriotismo ciego en la población? Proclamando que toda acción es permisible si esta tiene un objetivo: defender la patria, sea cual sea el costo, sin importar si ese mismo costo le arrebata la idea misma de patria a la gente.

Así sucede en “El silencio de los otros» de la española Almuneda Carracedo y el estadounidense Robert Bahar; documental que narra la búsqueda de aquella patria que no conoce discursos políticos: la familia.

El documental acompaña a víctimas del franquismo en su búsqueda de justicia por los actos cometidos en la época dictatorial acontecida entre 1939 y 1975. El argumento de la cinta parte del Pacto del Olvido, una ley aprobada en 1977 que dictaminó amnistía a todos los actores involucrados en la dictadura (desde torturadores hasta médicos parteros que secuestraban bebés de madres rojillas con el objetivo de ubicarlos en familias franquistas y así poder eliminar su gen comunista).

Esta ley también permitió olvidar tanto a las víctimas de la Guerra Civil Española,  como a las de la dictadura de Francisco Franco. Muchas de ellas fueron a parar a fosas comunes, campos de cultivo y terrenos que actualmente son carreteras (como está enterrado el padre de una de las protagonistas).

Los políticos, en el pasado, acordaron el olvido; los ciudadanos, hoy en día, buscan el perdón. Un perdón que probablemente no se verá realizado debido al paso del tiempo; y así se refleja al ver a víctimas de más de 70 años en primer plano que desean ver a su madre, padre o hermano por última vez para que puedan partir de este mundo tranquilamente. Localizar los restos de un ser querido permite trascender junto a él.

El documental acompaña a varios personajes: Desde la víctima que despierta con un fuerte dolor de pecho al saber que su extorturador vive a unas cuantas cuadras de su casa, hasta la hija que suspira por su padre todos los días. La cámara es partícipe de la impotencia y angustia de los personajes desamparados que siguen actuando en escena, a pesar de que el telón se encuentre oficialmente abajo.

¿Qué es de un país que parcha la herida sin sanar la putrefacción de la carne? ¿Cómo es que las futuras generaciones sentirán la sangre brotando de la tierra?

Olvidar a los muertos es permitir que los vivos actúen sin repercusión; que arranquen páginas de su historia sin saber que esa pequeña parte del libro también llevará consigo parte de su memoria.

Deja un comentario